Canción de juventud

Canción de juventud
Ficha técnica
Dirección
Ayudante de dirección Manuel de la Cueva
Guion Luis Lucia
José María Palacio
Música Augusto Algueró
Maquillaje Carlos Nin
Ester Nin
Fotografía Antonio L. Ballesteros
Montaje José Antonio Rojo
Escenografía Eduardo Torre de la Fuente
Vestuario Manuel Pertegaz para Rocío Dúrcal
Protagonistas Rocío Dúrcal
Julio Sanjuán
Margot Cottens
María Fernanda D'Ocón
Carlos Estrada
Helga Liné
Carmen de la Maza
Conchita Goyanes
María Jesús Lara
Elena María Tejeiro
Manuel Tejada
Julio Riscal
José María Tasso
Matilde Muñoz Sampedro.
Ver todos los créditos (IMDb)
Datos y cifras
País España
Año 1962
Género Comedia
Duración 96 minutos
Clasificación A
Idioma(s) Español
Ficha en IMDb
Ficha en FilmAffinity

Canción de juventud es una película española dirigida por Luis Lucia y estrenada el 28 de junio de 1962,[1]​ que supuso el debut cinematográfico de Rocío Dúrcal. En esta película, Rocío interpreta canciones como "Canción de juventud", "La niña buena", "Volver a Verte" ,"Quisiera ser un Ángel" y "La reunión".

Argumento

En una localidad costera de Cataluña están situados muy próximos entre sí un colegio de chicas, regentado por dos monjas de talante liberal (interpretadas por Margot Cottens y María Fernanda D'Ocón) y un colegio de chicos dirigido con mano férrea por Don César (Julio Sanjuán).

Un día, las chicas salen a dar un paseo en ciclomotor como todos los días, cantando alegremente, dirigidas por la magnífica voz de Rocío (Rocío Dúrcal), y se dirigen hacia el colegio de los chicos. Allí, dos de los alumnos, Fernando y "Flequillo", discuten, ya que las chicas se aproximan, y alguien tiene que distraer a Don César, que los dirige en sus ejercicios de gimnasia matutinos, para poder saludarlas. "Flequillo" se decide, y le cuenta a Don César que ha visto a "un tigre" colándose en el colegio, y entre todos elaboran una historia creíble de cómo un tigre ha podido llegar hasta allí, y aunque Don César no se lo cree demasiado, la historia le escama, y se lleva a "Flequillo" con él para encontrarlo. En ese momento, las chicas llegan al colegio, y los chicos las saludan rápidamente, como siempre. Todo sale bien, y las chicas se disponen a volver al convento, pero, una de ellas, Pochola, pierde el control de su ciclomotor, y vuelve sin querer al colegio de los chicos, donde Don César está muy molesto por el engaño del tigre, y los chicos reanudan sus ejercicios de gimnasia más intensamente. Es entonces cuando Pochola entra, haciendo a todos huir por piernas, subirse a árboles y correr como locos, hasta que Pochola consigue salir de allí, y en su descontrol, choca contra una manada de ovejas, y consigue parar.

Una vez todas en el convento, las monjas temen la reacción de Don César, que llega para reprocharles lo ocurrido, pero Rocío, quien a Don César le recuerda a su difunta hija Teresa, consigue calmar su ira, llegando incluso los dos a fundirse en un tierno abrazo.

Otro día, las chicas salen de nuevo a pasear por su recorrido de siempre, sin incidentes, pero al llegar al colegio de los chicos, Don César se lleva de nuevo a "Flequillo" para seguir buscando al tigre que no existe (por lo visto, la actitud de Don César hacia las chicas había cambiado radicalmente), y los chicos pueden saludar a las chicas más profundamente. Fernando siente que se ha enamorado de Rocío, y Don César, fascinado todavía con la joven, que también le recuerda a su difunta mujer, hace posible un acercamiento entre los dos. Fernando, entonces, le declara su amor a Rocío, y la chica, conmocionada por ello, le anima a esperar hasta que termine su carrera, y se haga hombre, y lo que tenga que pasar, pasará entonces.

La reunión ha sido un éxito, ya que el duro carácter de Don César se ha ablandado, y chicos y chicas, de forma unánime, deciden comportarse mutuamente de forma caballerosa y amigable.

Una chica nueva, María Ibáñez, llega al convento acompañada por su padre, y reacciona mal a la alegre bienvenida de las demás chicas, y se pasa llorando hasta la hora de la siesta, momento en el que Rocío se acerca a consolarla, y María se abre a ella: sus padres están divorciados, y por ese motivo su padre la ha enviado allí. María piensa que sua padres ya no la quieren, y que se han comportado de manera egoísta, pero Rocío endurece el tono, y le dice que aunque no estén ahí con ella ahora, seguro que todavía la quieren. Las monjas ya le han contado a María la historia de Rocío: es la hija de Rafael Luzón, un pianista mundialmente famoso, que la dejó en el convento cuando enviudó cinco años atrás. Rocío también acaba llorando, pero consigue animarse y animar a María empezando una guerra de almohadas en el dormitorio común con las demás chicas, ante la mirada aprobatoria de las monjas.

Poco después, chicos y chicas, con las monjas y Don César también, salen a dar un agradable paseo a pie, cantando todos alegremente, y descubren una ermita del siglo XII en ruinas en la costa. Conmovidos, deciden restaurarla, y aunque le dan una primera atención, necesitan recaudar dinero para reconstruirla completamente. Deciden organizar un concurso de talentos, con sus padres como invitados, pero Rocío está segura de que su padre no acudirá. Entre bromas y sensibilidad, todas las chicas consiguen animarla.

Lejos de allí, Rafael Luzón está terminando un concierto, que acaba con el público estallando en aplausos, y luego vuelve junto a Elizabeth, su nueva mujer, que le informa de la llegada de una carta de Rocío, al tiempo que le reprocha a su marido el que nunca le haya hablado de la existencia de la joven. Rafael se defiende diciendo que es un asunto complicado: para Rocío, su madre lo era todo, y Rafael pensaba que si Rocío se enteraba de que su padre había rehecho su vida con Elizabeth, Rocío podría odiar a Elizabeth, y al mismo tiempo Rafael odiaría a su propia hija. Elizabeth le replica que no se rinda, y propone volver a España para que se reencuentren, viendo como una señal del destino que a Rafael le hayan invitado a dar un concierto en Barcelona, cerca del convento de Rocío.

De vuelta en España, los telediarios anuncian tanto la inminente reconstrucción de la ermita como el regreso al país de Rafael y Elizabeth, por lo que las chicas deciden bloquear todos los medios de comunicación disponibles para evitar que Rocío se entere y se pueda disgustar. Además, deciden, junto con Don César y sus chicos, ir al concierto de Rafael para tenderle allí una emboscada, por lo que María duerme a Rocío con somníferos, para que no se entere de esto tampoco. En el concierto, Don César acuerda con todos una señal para empezar la emboscada, pero Rafael es un pianista de tanto talento, que se le olvida, hasta que acabe el concierto, momento en el que todos se encaran con Rafael, reprochándole su malísima labor como padre de Rocío, cosa que él mismo reconoce, y ruega que le faciliten un encuentro con su hija.

En el convento, Rocío despierta, descubriendo todo lo que le ocultaban, y molestándose con María, pero el concurso de talentos está a punto de empezar, y tiene que ir al camerino a cambiarse. Allí, es interceptada por Elizabeth, ante la que reniega de su padre para siempre. Elizabeth le replica que no cree que Rocío ya no quiera a su padre, y se va, dejando a Rocío llorando.

En el auditorio, el concurso de talentos está llegando a su punto álgido, con la interpretación de chicos y chicas de la canción 'La Niña Buena', que todos aplauden, y entonces llega el gran momento de Rocío: de forma muy conmovedora, interpreta una canción llamada 'Volver a Verte', mientras que Rafael aparece súbitamente por el telón, y sustituye a la pianista que tocaba. Rocío lo ve, y se emociona muchísimo, pudiendo conservar el temple hasta acabar la canción, tras lo cual, rompe a llorar en los brazos de su padre. Rafael Luzón, entonces, en un corto discurso, agradece a todos el haber cuidado tan bien de su hija, el haber provocado su dulce reencuentro, y se compromete a colaborar en la reconstrucción de la ermita. Después, padre e hija ante el piano, Rafael toca una melodía que usaba para calmar a Rocío cuando era un bebé, que es la melodía de la canción que cantaban todos cuando descubrieron la ermita, dejando claro que la joven no ha olvidado esa melodía. Entretanto, padre e hija se sinceran: Rocío sabe que Elizabeth es la nueva mujer de su padre, y lo acepta, y Rafael le asegura a su hija que, pese a todo, jamás olvidará a su madre: jamás ha podido olvidarlas, ni a ella, ni a Rocío. Rafael le propone irse con él y Elizabeth, y como la ermita estará pronto reconstruida, ella acepta.

El día de la reinauguración de la ermita, todos están alegres de que ya esté reparada, pero al mismo tiempo tristes por la marcha de Rocío. Fernando le recuerda a Rocío su propuesta: él terminará la carrera, se hará hombre, y Rocío, mujer, y entonces espera que puedan encontrarse, y acabar casándose. Elizabeth lo ve posible, y anima al chico, al igual que la propia Rocío. Los tres se marchan, entre conmovedoras palabras de despedida, y buenos deseos, y se dirigen a su futuro, hacia el horizonte infinito.

Referencias